Erase una vez un día lluvioso en el que de repente se hizo la luz, los rayos de un sol pletórico atravesaban las nubes que se iban abriendo. Durante ese día le llegó la hora al representante en el congreso de un partido político de estos que dicen ser progresistas y al portavoz de la conferencia episcopal del momento. Sí vamos, que la espicharon, estiraron la pata, la palmaron, dejaron de respirar, se les puso malita cara, en fin...que se fueron de este mundo.
Las puertas del cielo como buenos católicos apostólicos romanos y to lo que le quieras añadir, les esperaba y allí iban ellos, tan pulcros, tan con la cabeza alta, tan orgullosos, tan realizados, tan y tan y tan...
En el majestuoso cielo les esperaba el guardián de los guardianes, el que vigilaba por amor al arte las puertas del paraíso, el vovis celestial, el conserje divino, ni más ni menos que mi admirado (y de mi enana) San Pedro. Y allí estaba él, vestido con pantalón pitillo celeste pastel, camiseta estrecha rosa y bambas marca Convierte en rosita también, vamos lo que llamamos por aquí abajo recién salido del Breshka. Sin duda alguna aquel encuentro prometía.
- Buenas tardes queridos- Dijo S.Pedro
- BUENASTARDES (sí en mayúsculas y todo junto)- contestaron los dos de una manera seria y contundente.
- ¡Ay maricón! Dónde habré "metio" las llaves, a quién se las dí, "esperarse".
Ni el mismísimo San Pedro sabía quién tenía las llaves del cielo...qué maravillosa paradoja ¿verdad? Bueno a lo que iba que me desvío de la historia. Los dos prendas, que subieron al cielo en su Lamborghini Reventon por aquello de impregnar el reino celestial con su poquito de glamour y su poquita de opulencia terrenal, se quedaron un poco estupefactos ante tal descubrimiento y ¿cuál fue ese descubrimiento?...tranquilos en su debido momento os pondré al tanto, aunque sé que sois los suficientemente inteligentes para saber de qué se trata ya, pero entendedme, hay gente en este mundo hipócritamente tolerante que se niega a ver lo evidente o simplemente no le sale de los huevos verlo.
-¿Ay maricón... ?¿dónde estamos señor obispo?- se preguntaba el político haciendo alusión a las palabras de S.P.
-Pues algo ha pasado que no hemos llegado al cielo porque éste no es San Pedro, es un desordenado.
A esto que vuelve San Pedro con las llaves...
-Ya las encontré, las tenía la Faraona, me las dejé en su casa anoche y por cierto me ha dicho que no os abra que no traéis "na" bueno jajaja- se reía solo- adelante.
-¿Pero, has hablado ya con Dios por si da su permiso para que nuestras almas consigan el descanso eterno y...?-decía el señor obispo.
-Dios aquí lo único que hace es ser uno más, es ahí abajo donde lo cargan de responsabilidades y lo hacen un ser todo poderoso, aquí arriba cada uno es consecuente con sus actos y el si Dios quiere, el que Dios te bendiga, el que Dios te escuche, el a quien madruga Dios le ayuda...están "mu desfasaos", él dice que no hay ser superior a otro que eso no es bonito...bueno ¿pasáis o no? ¡Qué me "dejao" el puchero puesto Mari!
Ambos un tanto incrédulos se adentraron de la mano de aquel San Pedro tan auténtico y poco a poco las caras de cada uno se iban tornando un poco amarillentas, lo que veían no se correspondía para nada con lo que los textos eclesiásticos y representantes de Dios en la tierra promulgaban.
- ¡Qué os pasa en esas caras! Jajaja a Franco le pasó lo mismo cuando entró pero míralo, ahí está jugando al teje con la Pasionaria.
- Esto no puede ser el cielo, aquí no están las almas puras, las que no han faltado a ninguno de los mandamientos, esto está lleno de...invertidos, señoritas de la calle, ateos...aquí están unidos el bien y el mal.- vomitaba el señor obispo.
- ¡Qué coño es un invertido! ¿el bien y el mal, almas puras? Quién decide si un alma es pura, buena o mala...¡ay! Señor obispo cuanto sectarismo y sin vivir guarda usted dentro.
- Un homosexual. Un invertido, es un homosexual-respondió el señor político.
- ¡Ah! Un maricón, gay, bujarra, parguela, uno que caga pa dentro, que se siente madre, sarasa...que finos os habéis vuelto por allí abajo carajo.
- ¡Basta ya! ¡Dónde está mi Dios, ese Dios por el que me he pasado toda la vida con el alma reprimida y reprimiendo las ajenas!- exclamó el obispo poniéndose algo agresivo.
- ¡Oye! Relaja la raja, toma anda un poloflash de Aloe Vera a ver si te suavizas. Mira ahí está tu Dios y el de todos por si no lo sabías.
Y ahí estaba Dios, vestido con un pantalón vaquero y con chupa de cuero, con barba de hace días y melena negra entrenzada, tomándose una papelina (úsese diccionario para ver distintas acepciones de "papelina") con Lorca, Antonio Flores, Einstein, Torquemada y Paco Clavel (que no está muerto pero yo me lo cargo).
El obispo se desmayó, mientras el político le abanicaba y le decía:
- No se preocupe señor obispo que ahora me lío a darle pastillitas a todos y verás como se curan...
- Vale pero a mí me la metes por el culo que seguro que me hace efecto antes ¡maricón! Jajaja- Respondió San Pedro y sentenció.
Colorín colorado hasta aquí hemos llegado, porque inventar cielos y pensamientos sabemos todos y porque dejar vivir saben pocos.
